14 abr. 2011

“El plástico quiere ser el Rey de las Sillas”

Por: Anatxu Zabalbeascoa

Hace ya años que, el rescate de las legendarias sillas, que el danés Verner Panton diseñara en 1960, llevó a esas sinuosas butacas de plástico ideadas para exterior al interior de viviendas, despachos y restaurantes. Las Panton multiplicaron así sus ventas por 100. No se llegaron a producir en los sesenta, pero jamás se habían vendido como en lo que va de siglo XXI. Por eso los fabricantes de sillas tomaron nota. Comenzaron a indagar en la silla comodín, una butaca que pudiera servir para todo. Se trataba de buscar un modelo icónico capaz de resistir en la intemperie y también de convivir con el confort doméstico. Capaz de dar carácter a un bar, pero de no robárselo a un despacho. Buscaban piezas sólidas e icónicas, reconocibles y de fácil mantenimiento. El plástico parecía el material idóneo. Es económico –lo caro es hacer un molde-, no se ensucia fácilmente, se desgasta poco,  permite formas inesperadas y, sobre todo, facilita fabricar muebles ligeros y apilables. Únicamente les faltaba conseguir con el plástico la comodidad ergonómica, y también térmica, de una silla tapizada. Este año, parece que ese tema se está solucionando.

Existía el precedente de la Plastic Chair que los Eames diseñaron con una carcasa más fina en la parte del respaldo. Esa decisión sencilla conseguía un apoyo ligeramente flexible: en esas butacas, el respaldo se adapta a la espalda de quien la usa. Con ese precedente, no era cuestión de trabajar la carcasa. Quedaba por solucionar una cuestión de tacto: que el plástico permita a la piel respirar. Y también otra de movimiento: era importante que las sillas de plástico consiguieran aportar movimiento para ganar en comodidad. Este año, dos productos ideados por Moroso y Vitra indagan en esa búsqueda.

La butaca Impossible Wood Chair no es de madera. Pero su fabricante, la empresa italiana Moroso, asegura que el grabado de un plástico, que denominan “madera líquida”, le aporta al plástico la misma respuesta táctil que ofrece el material noble. Ligera y oxidable, como un material no plástico, la silla es imposible de fabricar sin molde de inyección. Sus autores, Nipa Doshi (Mumbai, 1971) y Jonathan Levien (Escocia, 1967) se han hecho un nombre tratando de combinar tradiciones artesanas con diseño industrial. En esta ocasión, lejos de barajar sus dos procedencias culturales, como buena parte de sus trabajos desde el año 2000, la nueva silla no reivindica el mestizaje. Lo asume, aunando taller y laboratorio, artesanía y diseño. Pero no lo predica. La butaca es más el resultado de una investigación que de una intuición. 

También la histórica Vitra cree que, en cuestión de sillas, no está todo dicho. Y este año ha querido lanzar un mensaje indagando en el movimiento que facilita la comodidad en una silla. Edward Barber (Shrewsbury, 1969) y Jay Osgerby (Oxford, 1969) han ideado la butaca Tip Ton, de una sola pieza, de plástico, (polipropileno), económica, duradera (de bajo mantenimiento) e… inclinada hacia delante. Es reciclable en su totalidad y es una buena señal que este hecho no sea su principal reclamo de ventas. La sostenibilidad, como la funcionalidad, va camino de no precisar anuncios: se les supone a los productos serios. Así, una inclinación de 9 grados, endereza la pelvis y no fuerza la columna vertebral. Pero sobre todo, esa inclinación, no distrae. Permite un balanceo que aumenta el flujo de oxígeno en el organismo y favorece la concentración.

El video está realizado en Stop Motion y se muestra una gran creatividad para presentar la silla, bien dicho esta que el producto a veces no se vende solo hay que darle un empujón y con un buen video como este creo que tiene el futuro asegurado.